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16 marzo 2026
El estrés térmico: un gran reto en la ganadería
Con el cambio climático y la intensificación de las olas de calor, el estrés térmico se ha convertido en un problema fundamental para la salud, el bienestar y el rendimiento de los animales. Todas las especies se ven afectadas —ganado vacuno, ovino, caprino, porcino, aves de corral, conejos…—, pero los umbrales de tolerancia y las respuestas fisiológicas varían considerablemente.
El estrés térmico afecta directamente a la ingesta, la producción, el comportamiento, la inmunidad y la reproducción; por lo tanto, es necesario identificar rápidamente los signos tempranos para limitar las pérdidas económicas.
Comprender el estrés térmico
El estrés térmico se produce cuando el animal ya no consigue eliminar el calor generado por su metabolismo o procedente del entorno. Hay varios factores que contribuyen a ello:
- Temperatura ambiente elevada,
- Humedad excesiva,
- Ventilación insuficiente,
- Carga metabólica relacionada con la producción (leche, crecimiento, puesta…) ,
- Edad, genética y condición corporal.
El Índice de Temperatura y Humedad (ITH) es hoy en día un indicador clave, especialmente en rumiantes. A partir de un ITH > 71, los animales entran en zona de riesgo.
Los efectos se manifiestan a nivel conductual, fisiológico, inmunitario y productivo.
Efectos transversales a todas las especies
- Alteraciones del comportamiento
Los últimos informes de campo recopilados internamente destacan:
- agrupamiento, búsqueda de sombra,
- hipersalivación y jadeo,
- permanencia prolongada en posición erguida,
- disminución progresiva de la ingesta.
- Alteraciones fisiológicas y metabólicas
El estrés térmico provoca, en particular:
- aumento de la frecuencia respiratoria,
- desequilibrios ácido-básicos,
- redistribución del flujo sanguíneo en detrimento del sistema digestivo,
- aumento del estrés oxidativo,
- debilitamiento inmunitario.
- Repercusiones zootécnicas
Las consecuencias técnicas observadas son:
- disminución del crecimiento (GMD),
- empeoramiento del índice de consumo,
- caída de la producción lechera,
- disminución del rendimiento reproductivo,
- aumento de la mortalidad, especialmente en avicultura y cunicultura.
¿Por qué no reaccionan todas las especies de la misma manera?
La sensibilidad depende de varios factores:
- Especie: los cerdos y las aves de corral disipan muy poco calor; los rumiantes producen un gran calor metabólico.
- Tamaño: a los animales grandes les cuesta más perder calor.
- Edad y etapa fisiológica: un adulto muy productivo es más sensible que un animal joven.
¿Qué soluciones existen para limitar los efectos del estrés térmico?
No existe una solución única: hay que combinar el entorno, la alimentación y soluciones nutricionales específicas.
- Adaptar el entorno
- Ventilación reforzada (ventiladores, extractores),
- Nebulización controlada o aspersión según la especie,
- Aislamiento y diseño del edificio,
- Fácil acceso al agua,
- Gestión de la densidad para limitar el tiempo que los animales pasan de pie.
- Ajustar la alimentación
- Fraccionamiento de la ración para mantener la ingesta,
- Ración fresca y estabilizada (limitar el calentamiento, interés de los conservantes de ración),
- Aportes minerales adaptados (BCAD o BE muy positivos, sal),
- Densificación energética cuando sea necesario.
- Utilizar soluciones nutricionales específicas
- Pack Booster (rumiantes): apoyo ruminal, estimulación de la ingesta, lucha contra la sobrecarga metabólica.
- Heatfresh (cerdos): mantenimiento del consumo, limitación de las lesiones celulares, activación de las vías antioxidantes.
- Optifresh (aves de corral): apoyo digestivo y resistencia térmica.
Estas soluciones se basan en combinaciones de electrolitos, antioxidantes, vitaminas y extractos vegetales.
Las 48 horas previas al pico de calor: un periodo crítico en el que es importante actuar:
- gestión del abrevado,
- confort en el establo,
- apoyo al hígado (papel fundamental en el metabolismo),
- racionamiento optimizado.
¿Por qué actuar ahora?
Las previsiones climáticas confirman un aumento duradero de las temperaturas, mientras que los datos de campo muestran signos de estrés térmico a partir de los 22 °C en las vacas, lo que recuerda la necesidad de intervenir antes de la ola de calor.
Actuar significa:
- garantizar el bienestar animal,
- asegurar el rendimiento técnico,
- reducir las pérdidas económicas,
- reforzar la resiliencia de los sistemas de cría.
Conclusión
El estrés térmico ya no es un fenómeno estacional: es un reto estructural para todos los sectores. Es necesario adoptar un enfoque integrado que combine medidas ambientales, estrategias alimentarias y soluciones nutricionales específicas.
Nuestros expertos están a su disposición para acompañarle en la implementación de programas adaptados a sus especies y a sus sistemas de cría; no dude en ponerse en contacto con ellos aquí aquí